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martes, 11 de junio de 2013

ARBOLES DE NUESTROS BOSQUES: EL AVELLANO

Avellanos en primavera
NOMBRE EN CASTELLANO: Avellano
NOMBRE EN ASTURIANO: Ablaneiro, Ablanal o Ablanar
NOMBRE CIENTÍFICO: Corylus avellana

El árbol se caracteriza por sus múltiples ramas desde la raíz
 Árbol muy característico de nuestra flora, frecuente en bosques y cultivado en linderos de fincas. Se trata de un árbol caducifolio, habitualmente de 3 a 10 metros de altura, aunque puede alcanzar alturas superiores. Amplia copa y ramificado en su base, con numerosos vástagos anuales. Su corteza es en tonos marrones o grises, muy estriada cuando adquiere cierta edad. Suele encontrarse en climas húmedos, por lo que las características de los montes de Tineo, se adaptan perfectamente a sus exigencias. Sus flores, nacen antes que las hojas, diferenciándose en flores masculinas y femeninas. Su fruto, la avellana, madura a finales de Agosto o comienzos de Septiembre, en grupos de 1 a 5 avellanas.

"Cazeyo" de avellana
 Éste árbol, propio de bosques de ribera, se cultivó a lo largo del tiempo en nuestra tierra. Se plantaba en las orillas de los ríos para sujetar la tierra de los prados frente a crecidas y desprendimientos de tierra. Nuestros antepasados, realizaban un aprovechamiento total de todos los productos de este árbol:

Su fruto era apreciado y recogido a finales de Agosto y principios de Septiembre, recolectando con su envoltura vegetal “caceyo” se guardaba en los secaderos de hórreos y paneras para ser preparado en las largas noches del invierno “escaceyar”, utilizando los restos de su envoltura vegetal como cama del ganado. La recolección de la avellana se efectuaba como una actividad más dentro del calendario de trabajos del mundo rural y suponía un aporte económico relevante en la unidad agraria. Muchas familias en el concejo, llegaban a recolectar cantidades superiores a la tonelada anual. La recolección se realizaba manualmente, bajando las ramas mediante el uso de ganchos de hierro con mangos de madera, “gavitos o garrunchas”. Se enganchaban las ramas y se bajaban al suelo donde se podía realizar el pelado de las avellanas de manera más cómoda, las avellanas se recogían en bolsas de tela, “fardelas” de donde se pasaban a maniegos o sacos para su posterior trasporte. Así mismo, se aprovechaba la recolección para efectuar una poda de las numerosas ramas del avellano, las ramas con más edad que implicaban un mayor esfuerzo y un mejor aprovechamiento, se cortaban todos los años para regenerar el árbol y mejorar su producción. Actualmente, en muy pocos lugares se continua realizando esta actividad ya que el precio del producto ha caído en picado en los últimos años. La importación del producto de países de Oriente Medio o de otras zonas españolas, especialmente de Cataluña, ha propiciado que lo que antaño era un trabajo cotidiano, se haya convertido en poco más que un recuerdo en la memoria de nuestros mayores

Avellanos en invierno
 La avellana, juega un papel importante en nuestra gastronomía, ya que la tarta de avellana, era un plato esencial en las celebraciones de tiempos pasados, avellanas torradas en los hornos de leña que posteriormente se trituraban para conseguir una especie de harina que junto a los huevos y azúcar, creaban este auténtico manjar.

Detalle del brote de la hoja
 La leña de este árbol era apreciada por su valor calorífico y las ramas jóvenes, rectas y fuertes, servían como mangos de herramientas y como varas del campesino,  bien para recoger otros frutos vareando “sacudir” o más delgadas y cortas para pastorear el ganado “guiadas”. La acción de plantas trepadoras del tipo de la nueza negra o la madreselva, “valdeba o maldeba” sobre estas ramas provocaba en ocasiones abultamientos que eran apreciados para fabricar muletas y cayados, elemento imprescindible entre los mozos del lugar para apoyo en las travesías caminando y porque no decirlo, como arma defensiva-ofensiva en las habituales peleas en ferias y romerías. Para las muletas, guiadas o bastones, se prefería el avellano silvestre, especialmente el denominado “blanco”, con una corteza grisácea y tonos blanquecinos que ofrecía mayor resistencia.

Su función fundamental en la orilla de los ríos, era  la de fijar el terreno
 Se distinguían los ablaneiros “bravos” [silvestres]] de los “mansos” [cultivados] y las ramas de mayor grosor eran recogidos por otros artesanos especializados: “los manegueiros”. Las ramas se cortaban en verde y se cocían en hornos de leña. Una vez cocidos se extraían las láminas “blingas o bringas” cuyo trenzado daría lugar a los maniegos de uso cotidiano.

La avellana en Tineo es un producto de una calidad excelente
 Las ramas más delgadas “gamuyas” como las de prácticamente todas las especies una vez secas, servían para encender el fuego en los “l.lares” [lares] y para calentar “arroxar” los hornos “fornos”. Es curioso también la utilidad que daban los pescadores “truiteiros” a estas ramas delgadas: cogían una rama con forma de horca y colocaban el resultado de la pesca en esta rama, introduciendo  dicha rama por la agalla “gal.la” del pez y sacándola por la boca de tal manera que las flexibles puntas se pudieran anudar en su extremo, son los llamados “cambeiros”.

Flor masculina del avellano
El árbol, tiene un gran valor para nuestra fauna, ya que supone un importante acopio de reservas alimenticias para multitud de especies: el oso pardo, el jabalí, la ardilla, el lirón, el ratón de campo, arrendajos, urracas, cuervos, cornejas… tienen en las avellanas un recurso que no solo pueden consumir en su maduración, si no que pueden almacenar para los meses de invierno, tal y como hacen ardillas, lirones o los propios arrendajos.


En el municipio, existe un gran número de árboles de esta especie pero que salvo contadas excepciones, no existe un aprovechamiento comercial del producto, a pesar de su extraordinaria abundancia. Con las excelentes condiciones que poseemos para su producción, puede tratarse de un producto que con unas adecuadas condiciones de mercado, suponga un complemento a la renta de las unidades agrarias. No solo con el fruto seco, sino incluso en verde para la elaboración de licores. Mientras tanto, las avellanas, siguen nutriendo a nuestra fauna, cuestión muy importante para la biodiversidad.

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